Mi Suegra
- Gastón Lemark

- 3 dic 2024
- 8 min de lectura
Actualizado: 10 feb

Cuando mi suegra salió de la casa era mi oportunidad, Ignacia no estaba, mi suegra se había ido, rápidamente subí las escaleras, entré al cuarto de Andrea, mi suegra, busqué en sus cajones y al fin encontré su ropa interior, me la llevé a la nariz, olía exquisito, mientras trataba de retener ese aroma en mi memoria, me acordaba del primer día que conocí a Andrea.
Sabía que Inna decía que su mamá era muy linda, Ignacia era linda, no me debió sorprender tanto, que Andrea fuera una mujer deslumbrante, a sus 48 años parecía de 28, sus curvas generosas, sus amplias caderas, su caminar de femme fatal, su pelo rubio al igual que el de Ignacia, sus ojos verdes, su cuello estilizado y su vestir elegante, eran atractivos, pero su mirada, eso me mató, y aún más cuando torpemente me equivoqué y le corrí la cara al saludarnos el beso fue en el borde de mis labios, y ella me miro, con esa mirada enigmática sin decir nada, esa noche, cenamos los tres, ella se reía con mis chistes, mientras Inna decía " mamá no tienes porqué reírte de esos chistes tan aburridos!"
Y mientras Andrea se reía de mis chistes, me tomaba el brazo con delicadeza, fue realmente difícil no voltear a mirar su descomunal cuerpo, cuando sabía que Ignacia no me miraba, recuerdo cuando me aseguré de que Inna no me miraba, y cuando volteé estaba Andrea mirando para atrás, con una sonrisa coqueta, luego volvió a mirar para adelante, para dejarme mirarla.
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