Arrimón en el metro
- Gastón Lemark

- 9 nov 2023
- 3 min de lectura
Actualizado: 6 mar

El metro de Santiago antes de la pandemia era una verdadera lata de sardinas, todos nos metíamos en el sarcófago de metal, cansados del trabajo hasta llegar en modo automático al hogar, para evitar el contacto visual, yo iba viendo mi celular, como todos, con cada estación era más la gente que subía pero poca gente bajaba, mi mano derecha afirmada a un pequeño segmento del tubo vertical junto al acceso del vagón no podía moverse ni para arriba no para abajo sin invadir el centímetro cuadrado del otro, tres estaciones más allá no cabía absolutamente nadie.
Yo preocupado de lo que estaba leyendo en el celular no me di cuenta de su llegada, ni de su cara, solo me percate que su cabello comenzaba a invadir el espacio de lectura que era lo único mío en ese momento, su cabello era castaño, sus hombros estaban ocultos por una chaqueta formal gris oscuro, su perfume no era el más rico que había olido, pero no estaba mal, a esa hora ya nadie olía muy bien, comencé a sentir como poco a poco sus glúteos arropados con un pantalón de vestir, desconozco su color, se pegaban a mis piernas, se notaba que era culona, pero de culo firme, trabajado, yo tratando de seguir leyendo, un poco incomodo trate de voltear me pero era imposible por la cantidad de gente.
En un movimiento del tren sus nalgas encajaron perfectamente con mi miembro, y el vaivén del trayecto nos iba dando golpes sutiles pero que con los segundos se iban, a propósito haciendo más fuertes, ya no leía, solo sentía el golpe de su culo contra mi entrepierna, y la erección llegó rápidamente, ella al sentir el apoyo de mi pene, cargaba su culo y cada vez hacía más evidente, que lo estaba formando contra mi, mi corazón se aceleró, ella hacía un movimiento a los lados como perreando suave y disimuladamente, solo olía su cabello, mi mano bajó del tubo, y la puse en mi bolsillo enganchando solo el pulgar, mis otros dedos tímidamente acariciaban la parte externa de sus muslos, ella jamás se dio vuelta, quería cogerla, quería detener el tiempo, quería romper su pantalón y sus calzones solo con la punta de mi pene, como una lanza que se adentraba en sus profundidades, estaba tan excitado y ella lo sabía...
Su mano fue a buscar a la mía, cómo pudo sus dedos se encontraron con los míos, y comenzó a acariciarlos, mientras yo acariciaba su muslo y parte externa del glúteo.
El movimiento seguía mi otra mano con el celular encendido, no podía ayudar en esta situación salvo para disimular un poco, aunque daba lo mismo ya si nos descubrían, todo parecía no importar, solo quería atravesarla, sentir como sus carnes se iban separando por la entrada de la cabeza de mi verga que ya estaba a punto de explotar, ella tomó con sus dedos mi dedo índice y como un anillo frotó mi dedo como si me estuviera masturbando, yo sentía exactamente como si su boca estuviese chupàndomela, no aguantaba más y ella lo sabía, ella estiró hacia atrás su mano por el borde de mi cinturón, la punta de la cabeza de.mi pene húmedo se asomaba ya por sobre el cinturón, creo que ella se sorprendió de encontrarse con ese bulto mojado en aquellas latitudes de mi cuerpo, y seguido de eso se comenzó a apretar más y más contra mi, como intentando expulsarme del vagón con la fuerza de su trasero, yo estaba excitado sobretodo porque con la cantidad de gente nada podía hacer para retribuir sus movimientos solo empujar más y más, al final ella con uno de sus dedos acarició la punta del pene se llevó un poco de mi líquido seminal, y se bajó en la estación abruptamente, sin mirar atrás, jamás vi su cara, entonces supe que ese último empujón fue su despedida.




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