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El castigo

14 ago
6 min de lectura


Nos bajamos del ascensor con las maletas cargadas, me parecía un poco precipitado esto de ir a la casa de mi jefe, pero a don Mario no se le podía decir que no.

—¿Tienes donde quedarte? Me había dicho cuando nos informaron que con las lluvias se había provocado ese socavón frente a mí edificio.

—Mi hermana vive a dos horas de aquí... Le respondí.

—Te vas conmigo entonces a mi casa, tengo un cuarto de invitados...

—¡No! Cómo se le ocurre...

—Javier... Hemos viajado casi 12 horas, mañana tenemos una reunión importante, la junta va a querer que les digamos si las inversiones del proyecto han resuelto el problema... Te necesito fresco y atento. Dormirás en mi casa y ya mañana te puedes ir donde tu hermana.

—Bueno, muchas gracias don Mario.


Caminamos por el pasillo del edificio, en la puerta del departamento don Mario se detuvo y buscó en su bolso, sacó una bolsa toda arrugada, la estiró un poco y luego se buscó las llaves en el pantalón.

—¡Hola! Llegam...


Eso fue todo lo que alcanzó a decir don Mario antes de percatarse que su hija, la hermosa Ángela estaba en ropa interior pasando la aspiradora, traía sus auriculares puestos. Don Mario cambió la cara. Yo alcancé a reaccionar y me di vuelta. Don Mario entró y tomó el cordón de la aspiradora y lo tiró, ese ruido infernal dejó de escucharse. Alcancé a mirar una vez más a la hija de don Mario, y luego me volví a dar la vuelta, ¡que chica más sensual!


Ángela se sacó los auriculares, y vió a don Mario con el enchufe de la aspiradora en la mano.

—¡Papá! Pensé que ibas a llegar en dos horas más...

—Te envié un audio avisándote que nos habían adelantado el vuelo... Ayer...

—¡Ay! Es que no lo vi...

—Ángela no vengo solo...


La chica miró por encima del hombro y vió que estaba atrás de don Mario...

—¡Hola Javier! ... ¡Mierda! Dijo mirándose para abajo...

—Anda a vestirte... Le dijo don Mario... —¡Ah sí! Toma... Esto es lo que me encargaste...

—¡Te acordaste, gracias! Le dijo Ángela abrazando a don Mario.


Don Mario la abrazó y le dió unas palmaditas en el trasero a su hija.

Cuando Ángela se metió al cuarto, yo pude entrar a la casa, don Mario me mostró el cuarto de invitados.

—No está muy ordenado pero acá puedes dormir.

—Muchas gracias don Mario.

—Ahora si me disculpas, tengo que conversar con mi hija.

—¡Si claro, yo estaré acá!


Don Mario cerró la puerta de la habitación de invitados, a los pocos minutos se escucharon los gritos de don Mario, estaba súper enojado.

"Cómo es posible", "irresponsable"...


Mejor no quise seguir escuchando... Puse mi maleta en la pequeña cama, y comencé a buscar algo de ropa limpia para ponerme. Luego de un rato, ya no eran gritos de don Mario los que escuchaba sino, gritos de Ángela "¡Ay, me duele!"... Luego de don Mario "¡Esto te va a enseñar!"


¿Le estaba pegando a su propia hija? Sigilosamente abrí la puerta, el cuarto de Ángela tenía la puerta entre abierta... Abrí muy lentamente la puerta del cuarto de invitados y dí unos pasos hasta la puerta de la habitación de Ángela, se escuchaban los gemidos de la pobre chica...

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