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El castigo

  • Foto del escritor: Gastón  Lemark
    Gastón Lemark
  • hace 4 días
  • 6 min de lectura


Nos bajamos del ascensor con las maletas cargadas, me parecía un poco precipitado esto de ir a la casa de mi jefe, pero a don Mario no se le podía decir que no.

—¿Tienes donde quedarte? Me había dicho cuando nos informaron que con las lluvias se había provocado ese socavón frente a mí edificio.

—Mi hermana vive a dos horas de aquí... Le respondí.

—Te vas conmigo entonces a mi casa, tengo un cuarto de invitados...

—¡No! Cómo se le ocurre...

—Javier... Hemos viajado casi 12 horas, mañana tenemos una reunión importante, la junta va a querer que les digamos si las inversiones del proyecto han resuelto el problema... Te necesito fresco y atento. Dormirás en mi casa y ya mañana te puedes ir donde tu hermana.

—Bueno, muchas gracias don Mario.


Caminamos por el pasillo del edificio, en la puerta del departamento don Mario se detuvo y buscó en su bolso, sacó una bolsa toda arrugada, la estiró un poco y luego se buscó las llaves en el pantalón.

—¡Hola! Llegam...


Eso fue todo lo que alcanzó a decir don Mario antes de percatarse que su hija, la hermosa Ángela estaba en ropa interior pasando la aspiradora, traía sus auriculares puestos. Don Mario cambió la cara. Yo alcancé a reaccionar y me di vuelta. Don Mario entró y tomó el cordón de la aspiradora y lo tiró, ese ruido infernal dejó de escucharse. Alcancé a mirar una vez más a la hija de don Mario, y luego me volví a dar la vuelta, ¡que chica más sensual!


Ángela se sacó los auriculares, y vió a don Mario con el enchufe de la aspiradora en la mano.

—¡Papá! Pensé que ibas a llegar en dos horas más...

—Te envié un audio avisándote que nos habían adelantado el vuelo... Ayer...

—¡Ay! Es que no lo vi...

—Ángela no vengo solo...


La chica miró por encima del hombro y vió que estaba atrás de don Mario...

—¡Hola Javier! ... ¡Mierda! Dijo mirándose para abajo...

—Anda a vestirte... Le dijo don Mario... —¡Ah sí! Toma... Esto es lo que me encargaste...

—¡Te acordaste, gracias! Le dijo Ángela abrazando a don Mario.


Don Mario la abrazó y le dió unas palmaditas en el trasero a su hija.

Cuando Ángela se metió al cuarto, yo pude entrar a la casa, don Mario me mostró el cuarto de invitados.

—No está muy ordenado pero acá puedes dormir.

—Muchas gracias don Mario.

—Ahora si me disculpas, tengo que conversar con mi hija.

—¡Si claro, yo estaré acá!


Don Mario cerró la puerta de la habitación de invitados, a los pocos minutos se escucharon los gritos de don Mario, estaba súper enojado.

"Cómo es posible", "irresponsable"...


Mejor no quise seguir escuchando... Puse mi maleta en la pequeña cama, y comencé a buscar algo de ropa limpia para ponerme. Luego de un rato, ya no eran gritos de don Mario los que escuchaba sino, gritos de Ángela "¡Ay, me duele!"... Luego de don Mario "¡Esto te va a enseñar!"


¿Le estaba pegando a su propia hija? Sigilosamente abrí la puerta, el cuarto de Ángela tenía la puerta entre abierta... Abrí muy lentamente la puerta del cuarto de invitados y dí unos pasos hasta la puerta de la habitación de Ángela, se escuchaban los gemidos de la pobre chica...

—¡No lo voy a hacer más, te lo juro!

—¡No te creo!

—¡Ay papá, no!


Cuando miré Ángela estaba arrodillada encima de la cama, el c$10 bien parado, y la cabeza apoyada en contra del colchón, el paquete de regalo que le traía son Mario estaba en el suelo, una caja abierta, don Mario estaba d3$nudo con un tremendo d1ld0 en la mano y se lo estaba metiendo en el c$l0 a Ángela...


Quedé helado... No podía creer que don Mario estuviera haciéndole esto a su hija. El d1.ld0 era tan grueso que la punta solamente estaba entrando, vi como don Mario empujaba con fuerza hasta que lentamente y entre los gemidos y gritos de Ángela, se iba perdiendo dentro del 4.n0 de la bella hija de mi jefe.

—¡Dime quién vino anoche! ¿O quieres que revise las cámaras?

—¡Ay, duele! ¡No vino nadie!

—¡¿Segura?! Dijo don Mario empujando más...

—¡Ok, vino Adriano!

—¿Solo él?

—¡Ay! Sí...

—Voy a revisar las cámaras entonces...

—¡No! Bueno... También vino ¡Ay! Con dos amigos más...

—¡Te dije que no quería que ese Adriano viniera más!

—¡Es mi pololo!

—¡Eres una puta! Dijo don Mario retorciéndole el "regalito" que le había comprado.


Ángela gritaba y chillaba, tenía los ojos desorbitados, apretaba los puños y los pies... De pronto miró hacia la puerta y se dió cuenta de que yo estaba ahí parado. Su cara de dolor, sus ojos en blanco, la saliva que caía de su boca abierta y mojaba el colchón, me comenzaron a excitar, no podía dejar de mirar...

—¡Ay! Ayu... Ayúdame... Dijo Ángela mirándome a los ojos...


Don Mario se volteó y me vió ahí parado...

—Disculpa Javier, pero mi hija es una puta... Necesita un buen castigo.

—¡Ayúdame! Me repetía Ángela.

—¡Cállate puta!

—Así estabas ayer ¿No?, así te pillé hace un mes, con tu pololo de mierda...

—Don Mario...

—¡Ayúdame Javier! Repetía Ángela.

—¿Quieres que Javier te ayude?

—¡Ay! ¡Me duele!

—Javier, pasa... Sostén esto por mí...


Estaba tan caliente con la situación que me adentré en la habitación de la hija de mi jefe, y me acerqué a ella...

—¡Papá, esto es vergonzoso!

—Javier, afirma esto... ¡Qué no se salga!

—¡Javier ayúdame!


Tomé el dildo que estaba inserto casi completamente en el culo de Ángela, y la sostuve con fuerza, acaricié las nalgas suaves de la chica...

—Eso es... Ahora saca y mete lento... Así...


Don Mario me tomó la mano y me guió haciendo que el juguete saliera y entrara en el ano abierto de Ángela. El dildo negro tenía relieves que imitaban venas, Ángela me miraba con los ojos blancos... Don Mario se acerco a su pantalón que estaba en el suelo y sacó su cinturón, luego amarró las manos de Ángela por su espalda...

—Listo... Gracias Javier... Ahora si quieres te puedes quedar a mirar.


Don Mario sacó el dildo del culo de Ángela y escupiendo se la verga la metió de un solo golpe dentro del culo abierto de su hija...

—¡Ay papá! ¡Me llega muy adentro!


Yo estaba ahí parado, justo al lado de mi jefe u su hija... Mientras él follaba a lo bestia a la hermosa y puta Ángela.

—Anda Javier sacate la ropa, métele tu verga en la boca, ¡eso es lo que le encanta a esta puta!


Sin decir nada, me desnudé y me acomode frente a la cara de Ángela, mi verga ya estaba dura, le tomé la cabeza y ella abrió la boca, mi verga entro hasta su garganta... Ángela solo gemía y se ahogaba con mi pene...

—¿Así te gusta estar putita? Le decía don Mario a su hija.

—¡Ahrghhhh! Respondió ella con los ojos blancos y su rimel corrido por las lágrimas...

—¡Uff! Este culo está apretado... ¿Lo quieres probar?

—¡Sí! Le dije...


Don Mario se acostó boca arriba y sentó a su hija en su verga, vi como se expandía su conchita, mientras el pene de mi jefe entraba dentro de ella. Ángela que estaba con las manos atadas por la espalda cayó sobre su papá, dejándome su ano abierto a mi alcance, me subí a la cama y desde arriba le metí mi verga en el culo... Era verdad el culo estaba apretado, la hija de mi jefe tenía unas contracciones anales exquisitas... Mis embestidas eran tan fuertes que Ángela solo gemía, mientras se besaba con su papá...


Después de un rato teníamos a Ángela en el aire, don Mario estaba por detrás de ella y yo por delante, cada uno por uno de sus orificiosla hacíamos subir y luego la dejábamos caer encajando nuestros penes en las profundidades de la chica, después de un rato don Mario acabo en el culo de su hija, y yo seguí como desquiciado follandola, ella había acabado tantas veces que su cuerpo ya estaba lánguido...

—¡Eso Javier, dale! Qué sienta bien el castigo...


Ángela ya no reaccionaba... Para cuando acabé en la boca de Ángela, ella se comió todo mi semen, y se quedó jadeando, y chorreando semen de su padre y mío por el culo y la concha...

—Ok... Dejémosla descansar... Me dijo don Mario...


Antes de que saliéramos don Mario se devolvió.

—¡Ah! Y no vas a tener celular por una semana... Dijo tomando el celular de su hija de la repisa.

—¡Nooooo, el celular no!


Don Mario me miró y se sonrió, al fin parecía que había encontrado la mejor forma de castigar a Ángela.


Fin.

Gastón Lemark.



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