Estela: capítulo uno
- Gastón Lemark

- 16 feb 2024
- 16 min de lectura
Actualizado: 6 mar

En la calle la encontré, morena, joven, de muslos y glúteos firmes, caminaba más pendiente de su celular que del tipo que la venia siguiendo hacía ya tres cuadras.
No era la primera vez que seguía una chica solo por que me había gustado su culo, eran mis tiempos más oscuros en donde podía hacer lo que fuera por conseguir el capricho que tenía en mente, ella sumergida en su celular no miraba ni siquiera para adelante, quizás estaba hablando con alguien, lo que me gustaba imaginar cuando seguía a chicas en la calle era hacia donde iban, que estaban pensando al caminar, si les importaba que todos los hombres se voltearan a mirarles el trasero, por lo menos a esta chica seguro no le molestaba, de hecho apostaría porque eso la validaba como mujer sensual, sus shorts eran diminutos y dejaban ver el pliegue entre sus glúteos y piernas, mientras la seguía trataba de imaginar cuando había sido la última vez que lo había hecho, quizás hoy en la mañana, o quizás nunca lo había hecho, tenía deseos de entrar en lo profundo de su mente y saber que le excitaba, cual era ese secreto sucio y culposo que solo ella sabía, ese extraño gusto por lo morboso, que a veces ni siquiera nos atrevemos a aceptarlo.
A la siguiente cuadra volteó, y yo como detective encubierto la seguí, por fin entró en un local, vaya que me sorprendí de su destino, era un sex shop, en general cuando ya no puedo seguírlas me voy donde originalmente debía ir, pero esta vez tenía curiosidad de ella, esperé a una distancia prudente, encendí un cigarro para hacer tiempo, y me quedé esperando, no la vi salir pero si me di cuenta que ya se alejaba de la tienda con una bolsa más larga que ancha, era evidente que había comprado un dildo, la idea me pareció simpática y excitante a la vez, estaba ya retrasado pero no me importaba.
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