Kath: Estocolmo
- Gastón Lemark

- 24 jun
- 4 min de lectura

Escuché el ruido de la puerta abriéndose, me extrañó que Julián volviera, seguramente se le había quedado algo...
—Espera Debie... Algo se le tuvo que haber quedado al Julián...
Me paré y fuí a la puerta de entrada de mi casa, no había nadie, miré por el pasillo, nada... me devolví a mi cuarto y tomé el celular...
—¿Qué se le quedó? Me preguntó Débora.
—No había nadie... Debo estar medio loca...
—Estás loca entera amiga...
—Ja... ja... Y bueno, ¿en qué estaba? ¡Ah sí!... Y el tipo que te contaba se me hacía un poco familiar... Pero no es paciente de la clínica, tampoco es amigo de Julián... Pero estoy segura que lo he visto.
—¡Uy! Quizás en tus sueños amiga...
—Jajaja oye ya se me hace tarde... Tengo que ir a bañarme.
—El doc pregunta dónde quedó el papel del seguro de la señora Elena...
—Está en su escritorio... Se lo dejé al frente...
—Sí... Te creo... Ahí lo encontró... Ya Kath, disfruta tus vacaciones bella...
—Gracias ¡Ya los extraño!
—Jajaja, no te creo pero le diré al doc...
—Jaja ¡bye!
Me paré de la cama y busqué mi ropa para irme al gym, llevaba ya dos semanas sin poder ir. De pronto cuando sacaba las cosas del ropero sentí que algo se caía en la cocina, fui a ver...
Al salir de mi cuarto unas manos me taparon la boca, sentí un olor fuerte... Todo se fue a negro.
Cuando desperté estaba desnuda y amarrada en mi cama. Todo me daba vueltas, y no sentía mis piernas ni mis brazos... Intenté moverme... Pero no podía.
Solo podía ver la silueta de un hombre, era alto... estaba de espaldas a mí, yo no podía hablar, el tipo sintió mi respiración agitada, y me miró... Ahí me di cuenta que era el mismo tipo que me había seguido ya dos veces... Cuando se giró le quitó la tapa al lente de una cámara y me tomó varias fotos, el flash de los focos que había puesto a mi lado me hacían doler los ojos, después de esas ráfagas de fotos y de luces, solo veía manchones verdes para donde mirara...
Enseguida escuché el sonido de algo que vibraba... Como una rasuradora... Se parecía mucho a... Cuando sentí esa sensación que conocía entendí que él había encontrado mi dildo... Y me lo estaba metiendo.
Era extraño porque no sentía miedo, solo podía sentir la vibración amplificada, y el placer que aquella vibración me comenzaba a provocar... miraba el techo los manchones verdes aún no desaparecían... Sabía lo que me estaba pasando, sabía que era algo malo, pero... No me importaba, ¿sería el efecto de lo que sea que me hayan puesto?... Me recordé del doctor, pero esto no se sentía como él... No podía moverme, apenas podía ver, y lo único que sentía era como la vibración dentro mío, se sentía cada vez más intensa... Tan intensa que creo que perdí la consciencia, cuando abrí los ojos vi la silueta del tipo sobre mi está vez podía mover el cuello...
Me estaba penetrando lento... Deliciosamente lento... Cuando lo miré, él seguía con la cámara en una de sus manos, esta vez grababa directamente a mi vulva, metía y sacaba lentamente su verga de mí, y parecía que estaba grabando ese movimiento, ahora podía mover los dedos... La fricción que sentía era tan placentera que un quejido salió de mí.
Al escucharme gemir, el tipo apuntó su cámara a mi rostro y comenzó a follarme cada vez más rápido, al sentir que el roce se incrementaba sentí que perdía la consciencia, sentía la misma sensación de un orgasmo, pero esto no se pasaba, se mantenía... Cerré los ojos, abrí la boca y seguí gimiendo...
Cuando volví a despertar me di cuenta que el tipo me había cambiado de posición... Ahora estaba arrodillada sobre el colchón con la cabeza apoyada en el mismo colchón, mis manos estaban atadas de las muñecas entre si, y estiradas hacia adelante, otra soga me afirmaba desde las rodillas empujándolas hacia adelante y hacia afuera, el tipo había puesto un espejo justo delante mío, así que podía verlo grabando mi rostro y mi espalda... Me seguía penetrando pero ahora desde atrás... Levanté la cara, la sensación de orgasmo constante aún seguía, pero ya no se sentía tan intensa...
—¿P... por... qué...? Es lo que alcancé a balbucear mientras el tipo incrementaba el ritmo sin dejar de apuntar su cámara al espejo...
—¿Q... quién... eres...? ¡Ay!
—Shhh, solo siente...
El tipo dejó su cámara al lado, y me tomó de las caderas... Sus embestidas se multiplicaron, comencé a sentir todos los vellos de mi pi la erizados, la piel se sentía tirante, el roce ya se sentía hasta la punta de mis dedos... Incluso sentía que mi cabello sentía el roce. Sentí una luz que cambiaba de colores en mi cabeza, escuchaba mis quejidos y gemidos a lo lejos... Sentí olor a frambuesa... A algo dulce...
Cuando desperté estaba acostada en mi cama, bajo las sábanas, desnuda, abierta de piernas y con mi dildo dentro de mi concha... Había mojado la cama... Mi mano estaba afirmando el dildo... No había nadie... Me levanté y me miré las muñecas... Las tenía rojas, mi vulva me ardía, me miré al espejo que tenía en mi cuarto, tenía la vulva roja, irritada...
Me senté en la cama... Miré la hora eran las 14:00, Débora me había llamado a las 9:00...
¿Qué me había pasado en estas 5 horas? Me levanté y me puse a hacer la cama, realmente no sabía si todo había sido un sueño, o alfgo que de verdad me pasó, hubiera querido poder decirle a ese tipo, que no me durmiera, total la estaba pasando bien, siempre habia querido ser abusada de esa forma.
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Continuará.




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