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Kath: la primera vez

  • Foto del escritor: Gastón  Lemark
    Gastón Lemark
  • 13 nov 2023
  • 8 min de lectura

Actualizado: 23 abr




Rubia de ojos verdes, chiquita pero bien proporcionada era kath, la conocí haciendo clases, era mi alumna, la chica más popular de su generación por sus lindas facciones y curvas recuerdo en los recreos del instituto donde le enseñaba a ser asistente dental a ella y a muchas chicas de 18 años, como todos los profesores y chicos de otras carreras se volteaban a verla cuando ella pasaba con sus amigas, las más lindas también de su generación, esta chica linda luego fue mi asistente.


Como todo en un principio anduvo bien, si bien yo la contraté más que nada por lo linda que era, con el tiempo me había demostrado hacer bien su trabajo.


Cuando quedó soltera, de un tipo sin importancia, comenzó a disfrutar de su soltería, la chica bien portada poco a poco se fue mostrando como era en realidad, salía cada fin de semana con un chico diferente, como me tenía confianza, yo la escuchaba contarme sus historias, y sin profundizar demasiado se notaba que le gustaba pasarlo bien.


Casi todos los viernes en la tarde ella se arreglaba en mi box, mientras yo hacía escribía la veía pasar de acá para allá, pintarse los labios y ponerse bien guapa, se ponía tacones altos y salía con el chico de turno, usaba pantalones apretados y poleras sin mangas, sus caderas perfectas se acompañaban de un trasero muy bien hecho, me hubiera encantado haber sido uno de esos chicos pero ella estaba fuera de mis posibilidades, era demasiado mayor para el tipo de hombres en los que ella se fijaba y luego me contaba, además era su jefe directo, ella conocía a mí en ese momento esposa, era muy complicado para mí estar fantaseando con ella, aunque de todas formas lo hacía... Sobretodo por qué se parecía mucho a una de mis actrices porno favorita... Así que varias veces fantaseaba con ella mientras veía los vídeos de aquella actriz...


Algunos días yo andaba más caliente que de costumbre, y me era difícil no comenzar a salivar mirándole el culo a mi asistente, sobretodo porque se notaba que no usaba colaless... Además su perfume era riquísimo, así que a veces me iba a su locker y olía su ropa... Y aunque yo tenía con quienes descargar mis ganas, y no eran pocas opciones, la idea de follar a mi propia asistente me parecía una excesivamente mala idea... Y por eso me encantaba.


Un día llegó enferma al trabajo, estaba con amigdalitis, tenía un poco de fiebre en la mañana pero en la tarde se sentía peor.


-doc tengo fiebre?

-pero Kath si te sientes muy mal, cancelamos los pacientes...

-no si no es para tanto... Pero me puede tocar para ver si tengo fiebre...


Le puse la mano en la frente, era la quinta vez que se la ponía ese día, pero esta vez sí tenía la frente hirviendo...

-estás con fiebre... Hace cuánto que te toqué?

-hace como una hora y según usted estaba bien...

-a ver? Le dije poniendo mis labios en su frente, como un padre dándole el beso de buenas noches a su hija...


Estaba bastante afiebrada... Me quedaba un paciente aún.


Yo sabía que lo mejor era que se inyectara penicilina, lo antes posible, le hice la receta y se la pasé, le dije que yo podía ver ese paciente solo, se fue a comprar su receta, y en vez de irse a la casa decidió volver.


-ya terminó con el paciente?

-sip... Y tú volviste? Que se te olvidó?

-es que quería saber si me la puede inyectar usted...

-es instramuscular, en el trasero...

-no tengo nadie que me pueda inyectar camino a mi casa y no quiero ir al hospital...

-bueno... Vamos al box de la kine, ahí es más fácil en la camilla...


Mientras preparaba todo Kath se subió a la camilla, acostándose boca abajo... Se suponía que no debía mirar su culo, estaba enferma, pero no podía no ver esas nalgas ahí, aún tapadas por el uniforme de la clínica.


Se bajó el pantalón, con un poco de dificultad, así que le ayudé, andaba con un calzón bastante grande, le dije que no podría ponerle la inyección con ese calzón, ella titubeó un poco pero se bajó también el calzón y quedó con el trasero desnudo, lista para sentir el pinchazo que la aliviaría, yo prepare la jeringa, me demoré de más inyectándola para poder verle ese culito gordito, blanco, lampiño, y redondo que tenía, era un culo hermoso, le tome un glúteo con la mano, era bastante turgente, ni muy duro ni muy blando, una consistencia justa, volví a tomar la jeringa con las dos manos para eliminar el aire, y volví a tomarle el glúteo pero ahora lo tome con toda mi mano, su gluteo era generoso y se lo apreté dos veces, en ese momento sufrí una erección que se hacía cada vez más evidente tras mi propio pijama clínico, le dije que se preparará y que respirara, clave la aguja en un solo movimiento para que no doliera el pinchazo.



Le inocule el líquido muy lentamente, mientras me demoraba en terminar de inyectarla, mi mano en su nalga la apretaba y mis dedos largos "accidentalmente" se metieron en su entrepierna, ella no dijo nada, como estaba con los ojos cerrados aproveché para acercar mi nariz a su hermoso culo blanco para poder así olfatearla, ella tampoco dijo nada, mis glándulas salivales comenzaron a trabajar más deprisa y mis dedos inquietos comenzaron a deslizarse por su vulva.


Ella en ese momento hizo un pequeño movimiento, y le dije, quédate quieta para que no te duela, yo ya estaba caliente, mientras el líquido penetraba su piel mis dedos juguetones, penetraban sutilmente su concha, ella obediente no se movió, comencé a meter mis dedos más y más sin dejar de apretar su glúteo, estaba tibia, y lubricada, al fin tenía todas las uñas dentro de su vulva húmeda y tibia, el líquido de la inyección se terminó, pero seguí ahí, le dije te la estoy poniendo lento para que no te duela, ella estaba en silencio, ya sin preocuparme tanto de la jeringa me enfoque en la mano que tenía dentro de ella.


Poco a poco metí más los dedos mientras la acariciaba, ella estaba empezando a mojarse más, al fin saque la jeringa de su piel, y le puse un algodón que tenía al lado, le pedí que apretara el algodón con su mano, ella lo hizo, mi pene a esas alturas enorme ya rozaba su antebrazo, y mi mano seguía apretándole la nalga, mis dedos seguían acariciándola.


Ella dejó de apretar el algodón y llevo su mano hacia mi verga gigante, y la tocó sobre el pantalón, ninguno de los dos hablamos, pero ambos estábamos calientes, quizás ella por la fiebre, pero yo definitivamente por su perfecto trasero.



Kath tomo mi verga con fuerza, yo instintivamente hundí mis dedos en sus profundidades, y Kath metió su mano por entre mi pantalón para tocar mi pene sus dedos masajearon mi glande y en ese momento ella volteó a mirarme.

- que está haciendo doc?

- te estoy haciendo un masaje

- mmm que rico su masaje, dijo con tono juguetón

- y tú? Qué haces kath?

- le estoy haciendo un masaje doctor.

- mmm me gusta tu masaje

- me siente muy afiebrada doctor?

- la verdad sí, estás bien caliente

- sí, dr tengo fiebre... usted parece que se contagió, también lo noto afiebrado

- ah si? Quizás tenga que hacer algo para bajar la temperatura

- yo sé cómo bajarla dr, hay que enfriarla


Me arrastró agarrándome del pene y me puso frente a ella, así acostada boca abajo me bajo el pantalón y me paso la lengua por la cabeza y el tronco, luego sopló suavemente.

- la siente más fresquita?

- sí la verdad que sí, pero deberías mojar un poco más a ver si baja más la fiebre

- Ok doc! ..la volvió a lamer y la chupo completa hasta las bolas, luego volvió a soplar...

- como la siente ahora?

- creo que no da resultado, la siento hirviendo!

- mmmmmm quizás debamos mojarla más, tengo una parte que está más mojada que mi boca

- mmmm me parece buena idea, donde tiene más mojado que en la boca?

-allá atrás...

-aquí? Le pregunté hundiendo mis dedos en su vulva...

-sip...

-veamos si con esa humedad me logra calmar la fiebre...


Me subí a la camilla y me senté sobre sus muslos, empuje mi pene hacia abajo, y aunque me dolía de lo duro que estaba mi pene, se lo metí lentamente en su exquisita vagina, entro fácilmente hasta el fondo.

-mmm señorita Kath acá está mucho más caliente que en su boca?

-ay no le puedo creer?! Quizás tenga que mover muy rápido para que se me vaya enfriando...

-buena idea!


La comencé a penetrar muy duro, ella levantaba la cola, y yo la tomé del cabello y lo jalé con fuerza, ella doblada jadeaba como perrita en celo con la lengua afuera.

-ay que rico!!

-lo dice por qué estás con fiebre!!

-sí me siento muy caliente doctor!!

-yo también!!

-me puede soplar??


Me salí de su vagina y con mi lengua me pasee por toda su vulva... Ella exclamó de placer... Luego ella se abrió los glúteos con las manos, y yo volví a pasar mi lengua, y después le soplé...

-ay que rico!!!

-le gusta?

-me encanta!! Hace tiempo que debimos hacer esto!!

-la lamí y le chupé los labios mayores con fuerza, mientras ella instintivamente apretaba sus nalgas pero a la vez oponía resistencia con sus manos...


Me volví a sentar arriba de ella, y sin meter mi pene dentro de ella lo comencé a frotar de arriba a abajo, mientras me acostaba sobre ella y le mordí los hombros, ella miró para el lado y sacó su lengua, mi lengua paso por el borde de su lengua, luego nos besamos... En ese momento mi pene se volvió a hundir en su vagina, ella abrió la boca y yo le pasaba la lengua por el cuello, por las orejas y por detrás de ellas...


Me levanté de ella y comencé a besarla por todo el cuerpo, ella se dejó desnudar... Así desnuda ella y yo, y ella ahora acostada boca arriba me recibió con sus piernas abiertas, la camilla se movía como si se fuera a desarmar, besé sus senos blancos y sus pezones rubios... La follé más lento... Sintiendo ambos como nuestros sexos se rozaban por dentro.


Al final ella se puso en 4 en una silla, y yo comencé a darle empujones cada vez más rápidos y potentes... Mi mano la tomaba del cuello, como fingiendo estar asfixiandola, y con mi otra mano masajeaba sus tetas.

-no pare!! Estoy acabando!! Me dijo

-le di tan fuerte y rápido como pude... Ella se estremeció, apretando todos sus músculos... Cuando se comenzó a relajar puse mi pene en la entrada de su culo, y comencé a empujar, ella aún sintiendo el placer del orgasmo no se percató que ahora entraba por su ano cuando lo tuve adentro todo, la tomé y la levanté de la silla, me fui a la camilla y me acosté de a poco, la rubia Kath se dejaba manipular, ella entonces entendió y me dejó acostarme en la camilla y esta vez ella se subió arriba mío, dándome la espalda, mi pene entró con facilidad nuevamente en su perfecto culo, y ella comenzó a moverse, se movió tan rico que me hizo acabar a los pocos minutos...



Acabé en su ano delicioso y esparcí el semen que revalsaba en sus glúteos blancos. Descansamos unos segundos y luego Kath me miró para atrás y me dijo:


-que buena mano tiene para las inyecciones!, no me dolió nada! dijo Kath.


Continuará



Gastón Lemark


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