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MI HIJASTRA, jugo y pastillas

Actualizado: 6 mar


Media hora después de haber tomado su desayuno, mi hijastra se durmió profundamente. La pastilla que había disuelto en aquel jugo había hecho efecto. Con la hija de mi nueva señora teníamos una relación cordial, si bien su carácter no era el mejor, y a veces se comportaba como una pendeja malcriada, estaba todo dentro de lo esperable para sus recién cumplidos 18 y un padre ausente, no nos llevábamos mal, de hecho puedo decir que teníamos una mejor relación entre nosotros, que ella con su madre. Nos habíamos hecho cómplices de fiestas a las que mi hijastra aprovechaba de ir cuando mi señora por negocios, se ausentaba del país, me había ganado su confianza, incluso sabía que chicos le gustaban, porque me hablaba muchos de ellos, era joven, linda y alocada, siempre le insinuaba que debía aprovechar la vida, para que no le pasara como a mí, que en esta etapa de mi vida a veces me arrepiento de no hacer cosas, más que de las cosas que sí hice y no salieron como quería. Ella siempre escuchaba mis historias y consejos, yo era para ella quizás lo más cercano a un padre, y aunque ella y yo nos conocimos solo hace dos años, ella siempre me buscaba para conversar.


Ese fin de semana estábamos solos, mi esposa se había ido de viaje por trabajo, y yo tenía mi día libre sin compromisos, planifiqué mi estrategia con mucho tiempo y hoy por fin tenía a mi hijastra para mí, dormida y en su cama, con ese pijama de Hello Kitty que le había regalado hace año y medio para su cumple, un pijama corto y sexy que usaba en verano, con el cual me excitaba casi todas las mañanas cuando se levantaba y me saludaba con un beso en la comisura de los labios, un beso "accidental" y un abrazo que me dejaba sentir sus tetas duras de mujer joven, en mi pecho. Lo mejor venía después cuando se llevaba el sándwich que cada mañana le preparaba, aún media dormida, con el short de ese pijama rosa, metido entre sus duras nalgas... Era mi parte favorita del día... Pero esta vez me había adelantado, y le había llevado el desayuno a la cama, ella despertó y me sonrió, la dejé ahí con la bandeja servida, conté los minutos con un poco de miedo y desesperación de que esto funcionará y que ni ella ni mucho menos mi señora se fueran a dar cuenta.

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