PSICÓPATA
- Gastón Lemark

- 10 nov 2023
- 9 min de lectura
Actualizado: 6 mar


-Lo que tienes es un trastorno depresivo, me dijo el doctor Araya.
- ¿y qué me recomienda?
- bueno.. te daré unos medicamentos, tomatelos en las mañanas y te sentirás mejor en unas tres semanas, hay algo que me preocupa Gastón y es que de todas formas siento que hay algo más allá de todo lo que me cuentas, algo más profundo… creo que una psicoterapia te podría ayudar…
- si me disculpa, tengo mis reticencias con los psicólogos, siento que siempre le dan el favor a los pacientes, y que en definitiva te dicen lo que quieres escuchar…
- bueno, créeme que la psicóloga a la que te voy a enviar dista de eso…
El doctor Araya se paró y me ofreció la mano, se la di y me fui, no pedí más horas con él, no había feeling, arrugué el papel que me había dado y lo hundí en mi bolsillo, no quería que me analizaran, no estaba listo, no quería que se dieran cuenta quién era en realidad.
Después de llegar a casa, y sin nadie con quién conversar, busqué en mi bolsillo ese papel arrugado. “Sarah White, psicología juvenil y adultos, terapia de parejas”, volví a arrugar el papel y lo tiré al tacho de la basura al lado de mi escritorio. A la hora ya de estar frente a esa página en blanco, sin ánimos de escribir, me puse el basurero del escritorio en las piernas y busqué el papel. Decidí llamar a la psicóloga.
No era muy bueno hablando, sentía que más del 80% de las cosas que sentía o se me venían a la mente se quedaban ahí, guardados, sin ánimos de salir, en parte porque sabía que no me entenderían, en parte porque también sabía que a nadie le importaba. Así que si iba a ir con esta señora, iba a hacer lo que mejor sabía hacer para que me entendiera.
Cuando llegué a la consulta de la psicóloga, me abrió la puerta una chica, de cabello rizado hasta el cuello y unos anteojos grandes, para su delicado rostro, eso le daba un toque de inocencia y un aspecto de nerd que me encantaba, siempre me han gustado las chicas con aspecto de nerd, siempre tienes buenas conversaciones con ellas.

-buenas tardes tengo hora con la psicóloga
- su nombre?
- Gastón…
- sí, tiene hora a las 17:00 son las 16:45, tendría que esperar un momento que termine con el paciente que estoy atendiendo…
Esa chica era la psicóloga, se veía como recién salida de la universidad, pero algo en su mirada me hacía entender que era una persona con la suficiente fortaleza interna como para ayudarme. Pasé y esperé en la sala de espera. Se escuchaba música clásica, la vista hacia la playa era fantástica, y aunque podía escuchar alguno que otro sollozo desde la oficina, entre la música y el ondulante movimiento de las olas, esos 15 minutos se me pasaron volando…
Cuando escuché la puerta de la oficina salió otra chica, con la nariz roja de tanto sonarse…
-En un momento estoy con usted…
- tranquila, ¡tiene linda vista!
- sí! Gracias!
Unos minutos después, la psicóloga me fue a buscar…
-Don Gastón? Pasemos
Ya dentro de la oficina, con olor a incienso, y varias piedras semipreciosas, casi todas de color violeta, una discreta planta que tenia en la ventana, me senté y saqué del bolsillo de mi chaqueta un papel doblado en cuatro. Se lo pasé y le dije:
-primero que todo le pido disculpas. La psicóloga un poco extrañada, me miró recibiéndome el papel.
- perdón?
- mire… la verdad es que tengo la sensación que voy a ser de esos pacientes que les cuesta sacar lo que realmente quieren decir… por eso le he escrito un poco lo que me está pasando en esa hoja.
La psicóloga con el seño un poco fruncido abrió el papel y tomó un poco de agua. Luego se puso a leer en voz alta lo que yo había escrito:
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